El político bagaje técnico-arquitectónico que estamos acostumbrados a absorber, no deja de ser en la mayoría de casos un montón de “palabrejas” sumamente estudiadas individualmente que difícilmente expresan las pocas ideas claras sobre las que se sustenta cualquier hipótesis; muchos de los maravillosos montajes estricto-Iingüsticos que estamos acostumbrados a ver demuestran su debilidad en el preciso momento de concretizar cualquiera de sus propuestas-hipótesis.
El pánico al dogmatismo, a definirse selectivamente, demuestra por uno lado la existencia de diversidad de corrientes estéticas sin una gradación de validez y por otro , consecuencia de ello, el miedo a defender convicciones propias en el sentid o de que puedan ser defutables o subjetivas. Estos dos factores demuestran un momento típico y crítico de la situación actual, en lucha para encontrar una nueva imagen externa en el entorno urbano proyectado.
El predominio de determinados puntos de vista sobre la valoración arquitectónica pierde unidad no sólo por la división de pareceres en el seno de los grupos que tradicionalmente han auto-asumido el papel de vanguardias estéticas, sino por el impacto de factores externos que despiertan a otros grupos que no desean bajo ningún concepto seguir los razonamientos que explicaban aquella arquitectura ya histórica .
La necesaria renovación de toda una serie de modelos e individuos se ve dificultada por el amorfismo general en que se encuentra inmersa nuestra actual decadente situación profesional que no es capaz de aportar una nueva forma de diseñar sin caer siempre en los mismos tópicos a base de repetir incansablemente los mismos modelos independientemente de su situación específica.
Es dentro de la especificidad de los “neos” y ” revivals” donde se mueve la esencia del Edificio Fregoli. El dominio de la forma y el estudio del volumen no corresponden sino a la habilidad del barroco en la voluptuosidad del contenido, el uso descarado de elementos de un primer racionalismo autóctono incluyen un revivalismo elegante por su sutileza de tratamiento, la complejidad programática forzada a la búsqueda de una calidad semántica que transmita la perfección de la concepción del producto introducen directamente al neoracionalismo no reconocido en la medida de que el soporte histórico ya no es suficiente para expresar las “intencionalidades” del proyecto, la verticalidad de determinadas formas unen y rotulan la unidad del edificio, con una pretensión casi medieval en cuanto a deseo de mostrar una direccionalidad no usual en la arquitectura entre manzanas; el agudo enmarque que reciben los elementos «históricos» del edificio acusan su validez por el camino de la biopolaridad conocido-novedoso (es la técnica de redescubrir mediante un uso repetitivo o fuera de contexto de determinadas formas) y es por ese mismo motivo este edificio peculiar sea un revulsivo para mentes estabilizadas en la verdad “histórica” a la hora de tomarlo como un punto de referencia que clarifique la confusión actual .
Josep M. Miró Rufa
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